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REFERENTE: El mundo según Pato Navia

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Patricio Navia es profesor asistente adjunto del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nueva York y profesor de ciencia política del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales.

Estudió en la Universidad de Illinois, en Chicago, donde obtuvo un B.A. en Ciencias Políticas y Sociología en 1992. Dos años después obtuvo un Master of Arts en Ciencias Políticas por la Universidad de Chicago. En mayo de 2003 obtuvo un PhD en la Universidad de Nueva York

 

December 19th, 2008

Irresponsabilidad compartida

La Tercera, dic. 18 , 2008

La revelación sobre la vergonzosa situación de influencia indebida que ejerció el senador Guido Girardi sobre un carabinero que lo multó por exceso de velocidad, comprensiblemente ha provocado la molestia de la ciudadanía.

Precisamente por su investidura, Girardi debió haber aceptado la multa sin reclamar. Su infantil excusa, alegando que una comitiva iba más rápido y no fue multada, evidencia que el senador simplemente no entiende ni la aplicación de la ley ni el sentido común. Las infracciones de otros no justifican las irresponsabilidades propias. En vez de pedir perdón, Girardi se hundió aún más con su actitud prepotente.

Pero la culpa no es sólo de Girardi. El descriterio de la subsecretaria de Carabineros fue aún mayor. Después de escuchar el reclamo del desubicado senador, Javiera Blanco debió haber ignorado la petición o recordarle a Girardi que todos somos iguales ante la ley. Si los chilenos normales no pueden llamar a la autoridad para reclamar por el trato “mal educado” de un carabinero, los senadores, por honorables que sean, tampoco debieran poder hacerlo. Pero la subsecretaria se convirtió en cómplice de este burdo tráfico de influencias. Sólo por eso, ella debiera presentar su renuncia. De no hacerlo, será el hazmerreír de un gobierno que no necesita más escándalos.

Finalmente, Carabineros también dejó mucho que desear en su actitud. En vez de defender la legalidad, las instituciones y la igualdad ante la ley, la institución cedió demasiado rápido a las impropias presiones políticas. Nadie debiera estar obligado a hacer cosas moralmente sancionables.

En esta comedia de errores y descriteriadas evidencias de irrespeto por la ley y las buenas costumbres gatilladas por el siempre controversial senador líder del PPD, las irresponsabilidades han sido compartidas. Si bien nadie espera que Girardi renuncie o enmiende sus errores, tampoco se puede aspirar a que después de 15 años en el Parlamento cambie de actitud y comience a actuar de otra manera, el gobierno de Bachelet debiera dar alguna señal más poderosa en defensa de la probidad, las instituciones y en rechazo a las presiones indebidas que un miembro del gabinete ejerció en este capítulo.

December 15th, 2008

Entre los modelos de Aylwin y Lavín

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 14, 2008

A un año de la elección presidencial, Sebastián Piñera enfrenta un escenario favorable pero no carente de desafíos. Si el favorito para suceder a Bachelet se confía demasiado en su ventaja en las encuestas, correrá el riesgo de ser castigado por un electorado que no está convencido con la idea de que la derecha llegue a La Moneda. Si en cambio hace demasiada campaña, arriesgará alienar a un país que está cada vez menos interesado en la política y que crecientemente desconfía de los políticos.

Hace 20 años, Chile se preparaba para un todavía más complejo cambio. Después de su victoria en el plebiscito, la Concertación necesitaba reducir los temores de muchos que, cansados de Pinochet, dudaban de la capacidad de la centroizquierda para gobernar exitosamente. A su vez, la Concertación necesitaba mantener y profundizar su ventaja en las encuestas. Patricio Aylwin, que entonces también enfrentaba oposición interna en su partido y llamados desde su coalición para tener dos candidatos, entendió que necesitaba asumir una posición presidencial que facilitara la transición y diseñar con una estrategia de campaña que evitara la aparición de liderazgos alternativos. La fortaleza y unidad de los partidos de la Concertación, que además representaban la diversidad de la sociedad, y la disciplina de sus líderes se complementaron con cuadros técnicos que preparaban políticas de gobierno. La Concertación convenció con su promesa de diversidad, pluralismo e inclusión de su campaña de “la alegría ya viene.”

Hace 10 años, en cambio, la Alianza desperdició una inmejorable oportunidad para llegar al poder cuando su candidato, Joaquín Lavín, personalizó la campaña y optó por promesas populistas pero carentes de sustento técnico (vender el avión presidencial, prometer la selección nacional para su gabinete pero colmar la campaña con amigos personales históricos). Pese a las dificultades económicas por las que atravesaba el país, la impopularidad del saliente presidente Eduardo Frei y los errores de soberbia cometidos por la campaña de Lagos, Lavín perdió la oportunidad de convertirse en el primer presidente de derecha. Mucho más preocupado de hacer una campaña que estuviera constantemente en los medios de comunicación que de asegurar a los electores indecisos que tenía las ideas, capacidad y equipos para gobernar bien, Lavín fue incapaz de convencer a los chilenos que podía ser un buen presidente y liderar una coalición incluyente, pluralista y capaz de garantizar la gobernabilidad.

Al escoger entre la exitosa estrategia de Aylwin de actuar como presidente antes de ganar la elección y la fracasada apuesta de campaña permanente de Lavín, Piñera no debería tener dudas. Pero además de evitar la campaña permanente con apariciones excesivas en los medios, Piñera debe entender que su principal desafío hoy es apaciguar los temores de un electorado agotado de los gobiernos concertacionistas pero dudoso de tener a la derecha, y al propio Piñera, en el gobierno. Más que prometer reformas, Piñera debe demostrar que entiende la diversidad y pluralismo. Desde la derecha tradicional hasta el centro moderado, desde sus amigos empresarios de siempre hasta representantes de la diversa sociedad civil que existe en Chile, desde aquellos que concuerdan con sus ideas hasta los que lo que han expresado sus diferencias, Piñera debe construir la percepción de que el suyo será un gobierno que, reflejando el arcoíris de posturas y visiones que es Chile, sea también capaz de convencer al electorado que hay muchas y nuevas alegrías que ya vienen.

December 7th, 2008

Lagos que arranca sirve para otra guerra

Su declinación a ser candidato finalmente le permitirá a Lagos asumir la condición de ex Presidente que debió haber asumido hace tres años. Su tardío anuncio de retiro de la política electoral es un menoscabo para la Concertación, pero también es costoso para el propio Lagos. Como presidenciable, nunca pudo defenderse adecuadamente de las acusaciones de ineficiencia, incapacidad y corrupción hechas contra su gobierno. Peor aún, precisamente porque nunca anunció su retiro definitivo de la política, su legado ha sido continuamente manchado por ataques de la Alianza, que temía su retorno.

Al bajarse, Lagos confirma que siempre le importó más salvarse a si mismo que fortalecer a la Concertación. Paradójicamente, señaló estar dispuesto a trabajar en áreas que la Concertación le asigne. Pero su comportamiento desde que dejó el poder no ha sido de un irrestricto compromiso concertacionista. Como perro del hortelano que no come ni deja comer, Lagos devino en un cuello de botella para la renovación de la Concertación. Sus indecisiones limitaron sustancialmente el campo de acción gubernamental de Bachelet. Por lealtad con su predecesor y potencial sucesor, Bachelet evitó responsabilizar a Lagos por los errores de diseño del Transantiago y otros fallidos legados de su administración. La sombra de Lagos dificultó el camino para que el gobierno de Bachelet—que cometió excesivos errores propios—construyera su propia identidad. Las cavilaciones de Lagos también obstaculizaron la candidatura de Insulza, quien además ha evidenciado demasiadas dudas propias.

Ahora, Lagos necesita reconstruir su reputación de líder visionario y asumir la defensa de su legado. Siguiendo el ejemplo de Aylwin, deberá guardarse para momentos críticos. Mucho más que líder PPD o concertacionista, Lagos eventualmente deberá asumir la condición de líder nacional. Aunque al comienzo le resulte difícil, el que ya no albergue aspiraciones presidenciales le facilitará el camino. Con sus aspiraciones políticas castradas, sus enemigos ya no lo ven como amenaza. También se podrán hacer mejores evaluaciones de su legado, que objetivamente tiene muchas más luces que sombras.

Pero Lagos igual deberá pagar los costos de su indecisión. Estos tres años de ambivalencia política han roído su imagen y su legado. Si se hubiera retirado de la política en marzo de 2006, su estatura de ex presidente hoy sería similar a la de Aylwin (cuyo gobierno también cometió errores importantes). Ahora en cambio, la suya es la imagen de un político temeroso. O peor aún, derrotado antes de pelear.

Soldado que arranca sirve para otra guerra. Pero solo un ejército de insensatos vuelve a creer en un marino que, al huir por temor al adversario, amenazó con hundir a todo el barco. Al retirarse de la carrera presidencial tres años tarde, Lagos se guarda para otras batallas que difícilmente podrán ser libradas al interior de una Concertación que hoy parece desmoralizada y anímicamente derrotada.

December 2nd, 2008

El mejor amigo de Obama

Revista Poder, 09, Diciembre 2008

Más que aspirar a repetir su fenómeno en Chile, nuestros políticos debieran aspirar a que nuestro país sea el mejor amigo de Obama en la región.

Patricio Navia

Más que buscar una forma de reproducir el fenómeno Obama en Chile, los políticos nacionales debieran aspirar a que Chile ocupe un lugar privilegiado en la etapa que se inicia en la política mundial con la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos. Demostrando su asombrosa incapacidad para ser innovadores, los políticos nacionales parecen ahora, obsesionados con encontrar un “Obama chileno”. Equivocadamente sugestionados a creer que los problemas de la política y la falta de legitimidad de nuestra democracia se pueden solucionar con remedios emanados en Estados Unidos y pensados para enfrentar problemas de otra realidad, algunos incluso dicen inspirarse en el fenómeno electoral de Obama para ofrecer soluciones a Chile. Sin reconocer que la victoria de Obama se produce precisamente porque Estados Unidos, pese a lo gigantesco de su aparato público y complejidad social, tiene mecanismos de inclusión y participación que permiten la renovación de rostros y facilitan el recambio de las elites, los políticos en Chile se encierran en sus cada vez más reducidos círculos para identificar, entre los mismos apellidos de siempre, a alguien que pudiera convertirse en el Obama chileno. Aquellos que incluso han hablado de un “Obama blanco” (como si fuera posible hablar de un Evo Morales europeo o de un Bachelet hombre) demuestran fehacientemente que ni siquiera entienden la naturaleza del modelo que intentan copiar.

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November 30th, 2008

La contradicción vital de Lagos

La demora de Ricardo Lagos en decidir su candidatura presidencial lo ha arrinconado en una posición donde quedará irremediablemente mal. Si entra a la carrera, sus críticos correctamente dirán que se tomó demasiado tiempo para decidir, puso condiciones desmedidas y al final igual terminó aceptando reglas del juego definidas por otros. Si en cambio confirma las versiones más recientes y anuncia que no será candidato, Lagos habrá completado un error mediático sólo comparable a la contradicción vital del ex ministro de la dictadura Hernán Büchi en la presidencial de 1989. Una bajada de Lagos ahora sería un golpe duro para la Concertación, pero terminaría siendo devastadora para la imagen y el legado del ex Presidente.

Si Lagos anuncia que no será candidato, la única lectura posible será que el hombre que apuntó con el dedo a Pinochet en dictadura ha caído presa del temor. Porque ha coqueteado con ser candidato -e incluso dejó por escrito sus condiciones-, Lagos no puede alegar que nunca estuvo interesado. Si argumenta que el desorden de la Concertación entibió sus ganas, no podrá eludir el calificativo de temeroso. Si en cambio lo ha disuadido la ventaja de Piñera en las encuestas, vivirá su retiro político en medio del desprestigio de pretender una sandía calada para volver a La Moneda.

Si se retira, Lagos dejará la misma impresión que un novio que deja a su prometida esperándolo en la iglesia. Siempre es mejor arrepentirse que tomar una decisión sin estar convencido. Pero ya cuando la iglesia está llena de invitados, el arrepentimiento trae también costos. El daño causado es altísimo. La novia ofendida, que rechazó a otros meritorios pretendientes, no olvidará la afrenta. Aunque digan entender, los invitados quedarán con mala impresión.

Si Lagos se baja, la sensación de abandono y derrota invadirá a la Concertación. Después de ser incapaz de concordar un mecanismo, la coalición tiende a quedarse sin candidatos. La derrota en las municipales -que el gobierno absurdamente sigue negando- sepultó la candidatura de Alvear. Insulza se mantiene preso de una incomprensible indecisión. Si Lagos se baja, sólo Frei seguirá en carrera.

Así y todo, la eventual bajada de Lagos despejaría dudas para la Concertación, cuya izquierda tardaría en recuperarse. Pero todavía hay esperanzas para la coalición. En cambio, Lagos difícilmente podrá recuperar la admiración del oficialismo, que puede entender el arrepentimiento, pero nunca perdonará que se haya tomado tanto tiempo para reconocer sus temores.

November 23rd, 2008

Farkas for President

La irrupción de Leonardo Farkas en la arena de los presidenciables habla mucho más de las debilidades de los políticos chilenos que de las fortalezas de este pintoresco empresario.La irrupción de Leonardo Farkas en la arena de los presidenciables habla mucho más de las debilidades de los políticos chilenos que de las fortalezas de este pintoresco empresario…

http://blog.latercera.com/blog/pnavia/entry/farkas_for_president

November 16th, 2008

El Obama chileno

La fascinación de algunos políticos chilenos con Barack Obama refleja la preocupante falta de ideas propias en la elite gobernante y subraya su incapacidad para entender las diferencias que separan a Chile del país meritocrático y competitivo que escogió al joven presidente.
La histórica victoria de Obama en Estados Unidos, con el mensaje de renovación que la opinión pública mundial celebró, es una idea demasiado atractiva como para no ser copiada en otros países. En Chile, no faltaron aquellos que rápidamente quisieron asociarse con el concepto. Sin entender que la elección de un presidente negro es un cambio copernicano sólo en un país profundamente marcado por la esclavitud, una dolorosa guerra civil que le puso fin, un siglo de segregación racial y permanentes tensiones entre la mayoría blanca y la empobrecida minoría negra, algunos políticos chilenos se quisieron subir a una micro que no los va a llevar a ninguna parte. La elección de Barack Hussein Obama también constituye un rechazo a un supuesto conflicto de religiones y civilizaciones que parecieron promover algunos sectores durante la administración Bush. Además, ya que nació en 1961, la elección de Obama también constituye un recambio generacional.
En las fallidas versiones nacionales, los aspirantes a Obama reúnen, y sólo parcialmente, uno o dos de las características que explican el éxito del nuevo presidente estadounidense. Nacido en 1966, el diputado UDI Jose Antonio Kast comparte la juventud con Obama. El presidente del PRSD José Antonio Gómez comparte su condición de senador. Pero ninguno de ellos pertenece a grupos sistemáticamente marginados e históricamente empobrecidos. Como si fuera posible hablar de un Evo Morales europeo o un Bachelet hombre, los simpatizantes de los Obama chilenos le hacen más daño que bien a sus candidatos al intentar subirlos a la ola de popularidad donde inevitablemente se terminarán ahogando.
Pero la culpa no es del chanco, sino de quien le da el afrecho. Conscientes de la demanda popular por renovación y nuevos rostros, los políticos chilenos quieren vestir de seda al mismo envejecido chimpancé. En vez de promover reformas que introduzcan más meritocracia a la política y más competencia al sistema electoral, en vez de promover primarias abiertas y vinculantes que emparejen la cancha para que caras nuevas puedan competir con personajes ya instalados, los mismos políticos de siempre—o sus leales discípulos con nuevos rostros pero las mismas ideas—creen que basta con ponerse una camiseta para representar el cambio.
Las actuaciones de Sarah Palin como candidata republicana a la vicepresidencia provocaron algunos de los más memorables momentos de humor televisivo en Estados Unidos. La insistencia de algunos políticos chilenos en asociar sus carreras a la de Obama provocará más incrédulas sonrisas que caudal electoral en Chile, un país en que la igualdad de oportunidades y la renovación de las elites que caracterizan a Estados Unidos está lejos de ser una cotidiana realidad.

September 17th, 2008

¿El réquiem de Insulza?

Al sumar a las ya difíciles condiciones planteadas nuevos requisitos aún más complejos, Insulza desenrolla una alfombra roja para retirarse con dignidad de la vida política. Una derrota por retiro antes de subirse al ring confirmaría que uno de los ministros más notables de la Concertación nunca tuvo dedos para el piano presidencial ni voluntad para superar las barreras que hay en el camino a La Moneda.
En su carta al PS, Insulza deja abierta la posibilidad de ser candidato, siempre y cuando la izquierda concertacionista muestre unidad total tras un solo abanderado. Al poner la carreta delante de los bueyes, Insulza pide al PS garantizar la unidad que debe emanar del candidato y que las elites faciliten un consenso que solo puede emerger después que los aspirantes presenten y discutan sus ideas transparente y abiertamente ante los electores. Una de las fortalezas de la democracia es que la última palabra la tiene la gente. Los partidos proponen, los votantes disponen. Aunque la derrota es un trago amargo, la democracia requiere de políticos que estén dispuestos a perder. Cuando todos quieren sandías caladas, los electores están de más y la democracia no existe.
Es comprensible que Insulza crea que éste es un camino cuesta arriba. Con dos de sus ex jefes en carrera—Frei en la DC y Lagos en el PPD—Insulza entiende que el proceso de selección será complejo y el fin de esta aventura incierto. Peor aún, con una Concertación debilitada y sin brújula, declarar una candidatura presidencial parece cosa de locos. Pero sólo en momentos de crisis aparecen los verdaderos líderes, aquellos que llaman a no temer nada salvo el miedo, a no preguntarse qué puede hacer la Concertación por ellos sino a explicar qué pueden hacer ellos por la Concertación y por el país. Insulza parece preferir no ser considerado un loco que arriesgar ser un visionario que lideró a su coalición a un improbable quinto triunfo presidencial consecutivo.
Diez años atrás, el entonces senador Gabriel Valdés mostró similar indecisión para lanzarse al ruedo electoral. La ventaja que entonces llevaba Ricardo Lagos en las encuestas disuadió al ahora nonagenario político DC que muchos condescendientemente identifican como el mejor presidente que Chile no llegó a tener. Al no animarse a saltar al ruedo, Valdés dejó para los historiadores una potestad que sólo debería tener el electorado. Si Insulza hoy insiste en establecer condiciones imposibles de satisfacer, su retiro de la carrera presidencial privará de opciones a un electorado que ya parece desconforme con las pocas opciones que tiene. Si, como se espera, Insulza se retira de la carrera porque no existen las condiciones, el legado de una carrera comprometida con la democracia se verá inevitablemente teñido por un final más propio de un ciudadano cuya prioridad es la felicidad personal que el de un político que privilegió los intereses del país.

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